Con una sismicidad moderada registrada en el área metropolitana de Tarragona, donde la aceleración sísmica básica se sitúa en 0.04g según el mapa de peligrosidad sísmica de España, el diseño de elementos de contención no puede dejar nada al azar. Los estratos geológicos que definen el litoral tarraconense, desde los depósitos cuaternarios del Francolí hasta las formaciones miocenas que asoman en los acantilados, exigen un conocimiento profundo de la mecánica de suelos local. Cuando las excavaciones superan cierta profundidad o los taludes presentan signos de inestabilidad, recurrir a anclajes activos o pasivos marca la diferencia entre una obra estable y un riesgo latente. Nuestro equipo técnico aborda cada proyecto en Tarragona evaluando la capacidad de carga última del tendón, la longitud del bulbo y la compatibilidad de deformaciones con la estructura a contener, integrando cuando es necesario ensayos de resistividad eléctrica SEV para detectar contactos litológicos que condicionan la perforación.
La diferencia entre un anclaje activo y uno pasivo reside en el control de deformaciones: el primero impone una fuerza estabilizadora inmediata; el segundo responde a la deformación del terreno.



