Entre la planicie aluvial del Francolí y los rellenos antrópicos del polígono Riu Clar, la densidad del suelo en Tarragona cambia en pocos metros. Lo vemos a diario: una capa de rodadura que en la Part Alta se asienta sobre margas miocenas compactas, mientras que a 400 metros, en la plataforma portuaria, los rellenos granulares exigen un control de compactación muy distinto. Por eso el ensayo de densidad de campo con cono de arena no se aplica igual en toda la ciudad. En nuestra trayectoria, la heterogeneidad de los terraplenes del Camp de Tarragona obliga a verificar el grado de compactación con método directo, especialmente cuando las zahorras y suelos seleccionados proceden de canteras con granulometrías que rozan el huso límite del PG-3. Complementamos la densidad en campo con la granulometría del material de aporte para asegurar que el árido cumple la curva especificada antes de compactar.
Una tongada de relleno con el 95 % del Proctor modificado puede fallar en servicio si la humedad de compactación se desvió tres puntos del óptimo.


