El error clásico en la periferia de Tarragona es asumir que el sustrato mioceno es homogéneo basándose en dos sondeos mecánicos separados cien metros. Luego la excavación tropieza con un paleocanal relleno de limos blandos que ningún golpeo detectó, y el sobrecosto en contención se dispara antes de vaciar el primer sótano. La tomografía sísmica de refracción y reflexión evita esa sorpresa: reconstruye un perfil continuo de velocidades de onda P y S a lo largo de toda la línea de investigación, mostrando contactos litológicos, zonas fracturadas y la profundidad real del bedrock. En campañas donde la logística urbana aprieta, complementamos el perfil sísmico con calicatas exploratorias en puntos de control para calibrar la respuesta geofísica con muestreo directo, o con un ensayo CPT si se necesita una verificación continua de resistencia en los sedimentos superficiales.
La tomografía sísmica resuelve contactos ciegos que el espaciado de sondeos siempre omite: es la diferencia entre licitar con certeza y excavar con contingencias.



