Tarragona creció entre el puerto y la petroquímica, y esa dualidad marcó su subsuelo. La ampliación del Port y los desarrollos logísticos del polígono Francolí chocan con depósitos cuaternarios de gravas, arenas y limos de compacidad muy variable. Cualquier estructura de cierta envergadura en el frente litoral o en las terrazas del Francolí necesita transmitir la carga a estratos competentes, y ahí los pilotes no son una opción, son la única ruta fiable. Nuestro equipo técnico aborda el diseño de fundaciones en pilotes partiendo de una campaña geotécnica rigurosa: si los ensayos de sondaje SPT revelan rechazo a poca profundidad, evaluamos la hinca en gravas cementadas mediante ensayo CPT para definir la longitud de empotramiento sin margen de error. En la zona de servicio del puerto, donde los rellenos antrópicos superan los ocho metros, la solución habitual combina pilotes prefabricados hincados con control de ruido por la proximidad al casco urbano y a las instalaciones químicas. Trabajamos con el Código Estructural y los Eurocódigos 7 y 8, integrando la acción sísmica según la NCSE-02, porque Tarragona está en una zona de sismicidad moderada que ningún proyectista debería subestimar.
En la zona portuaria de Tarragona, los rellenos antrópicos sobre limos obligan a empotrar los pilotes al menos dos diámetros en el sustrato resistente para garantizar la capacidad portante.



