Tarragona creció sobre la llanura aluvial del Francolí y los depósitos costeros del Mediterráneo. Cuando el puerto se expandió en los años 90 y aparecieron edificios en la Part Alta, quedó claro que las arenas sueltas y las arcillas blandas no aguantaban cargas superficiales. Por eso el diseño de fundaciones en pilotes se volvió norma en la ciudad. Combinamos el perfil de suelo con la microzonificación sísmica para ajustar la longitud del pilote a cada barrio, y antes de hincar hacemos ensayos SPT que nos dan la resistencia por fuste y punta.

En Tarragona, un pilote bien diseñado empieza con un perfil de suelos que cruce las arenas sueltas hasta el estrato competente.