El crecimiento de Tarragona, desde su imponente pasado romano hasta la expansión portuaria e industrial del siglo XX, ha transformado profundamente su perfil geotécnico. La ciudad, asentada sobre terrazas aluviales y depósitos cuaternarios que caen suavemente hacia el mar Mediterráneo, presenta un subsuelo donde los rellenos antrópicos y las arenas sueltas son protagonistas habituales. Para un ingeniero local, el desafío no es solo la capacidad portante, sino la densificación de estos estratos antes de desplantar cualquier estructura relevante. Aquí es donde el diseño de vibrocompactación se convierte en una herramienta imprescindible. A diferencia de una simple compactación superficial, este método actúa en profundidad, reorganizando las partículas del suelo mediante vibración. Para entender la resistencia previa del terreno, a menudo se complementa con un ensayo CPT que permite un perfil continuo de la densidad relativa antes de iniciar el tratamiento.
La vibrocompactación en los suelos aluviales de Tarragona no solo densifica: reorganiza la fábrica del terreno para mitigar el riesgo de asientos diferenciales en zonas de antigua marisma.



