La entrada en vigor de la Orden Circular 40/2017 del Ministerio de Fomento, que actualiza la antigua Instrucción 6.1-IC, marcó un antes y un después en el diseño de firmes rígidos en España. En Tarragona, donde la combinación del tráfico pesado del polígono petroquímico y las elevadas temperaturas estivales someten a las losas de hormigón a gradientes térmicos severos, aplicar meticulosamente la normativa UNE-EN 13877 no es opcional. El equipo técnico del laboratorio, acreditado bajo ISO 9001, analiza desde la capacidad portante de la subrasante local —muy variable entre los depósitos aluviales del Francolí y los terrenos más competentes del norte— hasta la dosificación precisa del hormigón para cumplir con los 35 años de vida útil que exigen las administraciones catalanas en sus pliegos.
El verdadero retorno de un pavimento rígido en Tarragona está en la reducción del mantenimiento: frente a uno flexible, el ahorro en conservación puede superar el 30% en los primeros diez años.



