Uno de los errores más repetidos en las obras de Tarragona es asumir que el subsuelo bajo el relleno antrópico es homogéneo. La realidad geológica de la ciudad, especialmente en el ensanche y en las laderas que bajan hacia el Francolí, mezcla costras calcáreas con bolsadas de arcillas expansivas del Cuaternario. Confiar solo en sondeos puntuales sin una calicata exploratoria es jugar con plazos y presupuestos. En nuestra trayectoria acompañando a constructoras locales, la excavación de una calicata ha permitido detectar desde antiguos muros de mampostería enterrados hasta cambios bruscos en el nivel de roca, información que ningún papel puede anticipar. Complementamos el reconocimiento directo con un estudio de estabilidad de taludes cuando la excavación supera los 3 metros y el perfil muestra buzamientos desfavorables.
En Tarragona, el contacto entre el relleno cuaternario y el sustrato mioceno suele aparecer 1,5 metros por encima o por debajo de lo que indican los planos históricos.



