La cuenca del Camp de Tarragona presenta una estratigrafía compleja que combina abanicos aluviales cuaternarios del río Francolí, depósitos costeros de playa y cordones litorales, además de potentes rellenos antrópicos sobre antiguas marismas desecadas. En zonas como el polígono Francolí o la plataforma portuaria, los sondeos superficiales suelen subestimar la compresibilidad de los limos orgánicos hasta que un ensayo CPT revela la continuidad del estrato blando. El sondaje SPT se convierte aquí en una herramienta de contraste imprescindible: permite recuperar muestra alterada para identificar la fracción orgánica y, al mismo tiempo, medir la resistencia N60 cada 1.5 o 2 metros. El equipo técnico aplica la normativa UNE-EN ISO 22476-3 y la práctica recomendada del Eurocódigo 7 (EN 1997-2), correlacionando los valores de golpeo con la densidad relativa en arenas y con la consistencia en suelos cohesivos. En Tarragona, donde la cota de cimentación a menudo queda dentro de la primera decena de metros, este ensayo define con precisión si la capa portante es suficiente o si se requiere un tratamiento de mejora antes de construir.
En los limos orgánicos del litoral tarraconense, un golpeo N bajo no siempre indica suelo suelto: a veces es la señal de un estrato compresible que requiere sustitución o precarga.



