Los técnicos despliegan estaciones totales y GPS diferencial sobre la ladera para levantar perfiles topográficos precisos. En Tarragona, donde la orografía combina colinas de la Cordillera Prelitoral con valles fluviales del Francolí, ese primer relevamiento define las secciones críticas del talud. El equipo instala inclinómetros manuales y piezómetros de cuerda vibrante para monitorear desplazamientos y presiones intersticiales. Con esos datos se modela la superficie potencial de falla en software de equilibrio límite. Antes de cada análisis de estabilidad de taludes en Tarragona conviene cruzar los resultados con un ensayo de permeabilidad en campo para detectar cambios en el nivel freático que puedan desestabilizar el macizo.

La heterogeneidad litológica de Tarragona exige campañas de campo con sondeos a rotación y triaxial CU para definir ángulos de fricción fiables.