El desarrollo urbano de Tarragona, desde la época romana con la construcción de su acueducto y murallas hasta la expansión portuaria del siglo XX, ha tenido que lidiar con una orografía accidentada donde los taludes naturales y antrópicos son frecuentes. La ciudad se asienta sobre una plataforma litoral de materiales miocénicos —margas, calizas y areniscas— que alternan con depósitos aluviales del río Francolí. En este contexto, el monitoreo geotécnico de taludes mensual se convierte en una herramienta indispensable para detectar desplazamientos incipientes antes de que deriven en inestabilidades. Combinamos lecturas de inclinómetros y piezómetros con la instrumentación geotécnica adecuada para cada sector, evaluando la presión intersticial y las deformaciones superficiales. La información recolectada mes a mes permite ajustar modelos de estabilidad y programar intervenciones sin esperar a que aparezcan grietas o colapsos.

Un monitoreo mensual bien ejecutado detecta desplazamientos milimétricos que, de no registrarse, pueden derivar en deslizamientos de gran magnitud.